Reflexionando sobre las reacciones y pasiones que las campañas han generado en la gente, y que se asemejan a las pasiones que desata por ejemplo el fútbol, me parece que los partidos y sus candidatos han hecho un excelente trabajo. Se han mostrado como unos maestros del teje y maneje de la opinión pública, de la conciencia social, de los objetivos de la nación, de nuestra conveniencia.
En ese sentido, me parece que la presente campaña presidencial en México es una muestra fehaciente del deterioro en que se encuentra el país, de lo polarizados que están los ciudadanos, de la magnitud de la desinformación y mal información que priva a la gran mayoría de una fuente objetiva, imparcial, neutra.
En los medios, los periodistas, los líderes de opinión, los expertos, los intelectuales; es relativamente sencillo distinguir inclinaciones a favor de alguno de los candidatos, alguno de los partidos políticos, grupos empresariales y,faltaba más, a favor de sí mismos. Es cierto que el espectro es amplio, y que hay unos cuantos casos contados que muestran respeto por su persona y por su público, pero son realmente escas@s aquell@s a quienes podemos reconocerles una ética nada o poco maltratada.
Inmersos en tal situación ¿qué nos queda hacer? Alguien podría sugerir optar por dejar de atender los distintos discursos que circulan como virus por los diferentes medios. Me parece una opción ociosa y desdeñada. Por otro lado, existe la posibilidad de consultar varias fuentes, leer en las redes sociales a personas de diferentes inclinaciones institucionales (empresariales, políticas, religiosas, profesionales, etcétera); procurar la variedad al consultar los medios, tratar de seguir a líderes de opinión de distinto tinte, y buscar seguir acontecimientos de distinto tipo. Sin duda, éste es un ejercicio cansado, tedioso, hasta irritante, pero no se puede negar que también resulta enriquecedor, entretenido, interesante, (des)motivador.
Convertirlo en una rutina lleva a aprender y desaprender rápido; apenas se informa uno por una fuente y ya se empieza a desinformar y/o mal informar por medio de otra, y esto de forma circular. Parece uno tener múltiples personalidades al ir de una opinión a otra, tratandose de formar un juicio, una forma de pensar, una opinión “educada”. Considero que la mayoría de los ciudadanos pasa por esto día a día, en gran parte gracias al amplio acceso que tenemos hoy en día a diversas fuentes de información, y que decisiones importantes son tomadas con base en las opiniones que se vierten en los medios, ya sea al formarse una opinión partiendo de su lectura, atendiendo las recomendaciones de “expertos” enterados por medio de los mismos medios, o por medio de una consulta remunerada directa a los líderes de opinión.
Está forma de “enterarse”, formarse criterios y tomar decisiones puede resultar en una dinámica peligrosa. ¿Qué sucede si las fuentes de información y opinión ofrecen información sesgada, incompleta, falseada, incorrecta? El resultado es fatídico, quien asimila la información acaba desinformado, mal informado, sesgado (tal vez a conveniencia), lleno de conclusiones respuestas falsas y juicios incorrectos.
En este orden, algo que es de preocupar es que si nos leemos a nosotros mismos, los ciudadanos estamos muy por las mismas. Desde la superficie y adentrándose un poquito, aparenta que todos tienen la razón y/o todos están equivocados. Abundan las expresiones formadas por impulsos y son pocas las opiniones razonadas, fundamentadas, informadas. Las citas y referencias a supuestos expertos, intelectuales, líderes, y demás entes ungidos surgen como salpullido y son evaluadas utilizando el pedigrí del autor o autora como punto principal de referencia y veracidad.
Muy probablemente esto es fruto de vivir en una democracia incipiente, de constituir una ciudadanía con acceso a demasiada información y falta de pensamiento crítico, de ser un pueblo adolescente con muchas emociones y escasa razón dictando nuestra opinión, nuestras decisiones y nuestras acciones; lo que al final de cuentas define el rumbo que tomamos. Sin embargo, esto no constituye en ninguna forma una excusa válida; no hay razón para pensar que no podamos ser una democracia incipiente, sí, pero adulta, crítica, exigente, educada, enterada, responsable.
Tal vez convendría ponderar más nuestro criterio, participar como analistas de la información y de los sucesos, creer en nuestra opinión “inexperta” y darle el estatus de fuente de la veracidad y conocimiento. Así se ejercería presión a aquellas personas e instituciones que se compran, se cotizan, se publicitan, se posicionan como líderes de opinión. Más aún, así mandaríamos la señal de que la ciudadanía hemos levantado la vara, y que si quieren permanecer en sus posiciones necesitan actuar acorde, mejorando la calidad de sus argumentaciones, proporcionando información que permita evaluar lo que afirman, revelando sus afiliaciones y posibles conflictos de interés, sometiéndose al juicio de la audiencia, abrazando códigos de ética; en fin, deben realizar un ejercicio responsable en cada una de sus opiniones.
No es tarea fácil, por eso no cualquiera se decide a realizar tal labor. En ese estado de las cosas, la falta de exigencia de la ciudadanía crea las oportunidades para que germinen personajes con opiniones de dudosa procedencia, ínfima calidad y se genere un constructo social dañino y una especie de demencia y torpeza colectiva. Es nuestra responsabilidad lograr que esto ya no suceda.
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Wednesday, 13 June 2012
Tuesday, 10 May 2011
No todos somos iguales, tampoco ante la violencia.
El titular principal de la portada del periódico El Norte del día sábado 29 de enero de 2011 no requiere mayor explicación “Llega crimen a la élite regia”. Se entiende directamente algo de lo que esto implica, basta invertir unos cinco minutos para sacar cinco conclusiones sobre la naturaleza de los neoloneses y en general de los mexicanos: 1) no todos somos iguales; 2) la desigualdad nos divide en ciudadanos importantes y no importantes; 3) como no todos somos iguales y no todos somos igual de importantes, nuestro valor es diferente; 4) como no todos valemos lo mismo el costo de perder a algunos es mayor que el de perder a otros; 5) dado que el valor/costo de algunos de nosotros es pequeño, cuando se pierde una de estas vidas de valor/costo despreciable, no vale la pena invertir grandes recursos en aclarar la pérdida, sanar las heridas, hacer justicia y evitar que a otros similares les pase lo mismo. Obvia decir que esto sucede en todas partes del mundo, sin embargo, en pocos lugares sucede con tanta demencia como sucede en Nuevo León y México.
Arturo de la Garza era ganadero, empresario, fue diputado y perteneció a uno de los dos partidos más poderosos del país. Carlos Javier Amaro Herrera tenía 9 años, cursaba el tercer grado de primaria en una escuela pública, vivía en una colonia considerada como zona conflictiva. Arturo de la Garza comento en una reunión con amigos que ya no iba a sus ranchos en el norte de Nuevo León y Tamaulipas por la inseguridad. Los padres de Carlos Amaro comentaron en su momento que en su colonia frecuentemente se presentan balaceras, mismas que sus vecinos reportaban a la policía, la cual nunca acudía a sus llamados. Ambos recibieron disparos en la cabeza, ambos fueron víctimas de la violencia que experimentamos día a día los mexicanos, ambos fueron parte de las noticias en los medios. Uno acaparo más espacio, fue más espectacular, su nombre salió de la boca de más y con mayor énfasis. Uno ameritó condolencias por parte del gobierno del estado (así en minúsculas, disminuido) expresadas en media página del periódico El Norte, el otro no. Ridículo que el mismo gobierno incapaz de generar la seguridad que la naturaleza de su existencia le obliga a proveer, exprese condolencias a aquellos cercanos a quien muere a causa de su mediocre desempeño. No sé que recibieron aquellos cercanos a Carlos Javier Amaro Herrera, lo que sí se es que no fue algo tan espectacular como lo fue en el caso de Arturo de la Garza González.
El hermano de Arturo de la Garza mencionó que ““Antes salió el carro de su hijo, salieron siete carros de los que estaban ahí en la reunión, y le tocó a él.” Los familiares de Carlos Amaro dijeron que “Fue un accidente, Carlitos estuvo en el momento equivocado”. Ambos están equivocados, no le toco a Arturo, tampoco Carlos estuvo en el momento equivocado ¿por qué ha de tocarle a alguien? ¿Por qué ha de estar uno en el momento equivocado?
Lo que vivimos los ciudadanos promedio (léase prescindibles, ignorables, desaparecibles, finitos y superfluos, entre otros) no tiene que ver con las probabilidades de morir a causa del crimen organizado (como trató de tranquilizarnos algún funcionario del gobierno), tiene que ver con nuestro derecho de vivir tranquilamente en un Estado en dónde hace 5 años uno podía circular sin problemas, sin miedos, libremente. Pero como no todos tenemos recursos (propios o públicos) para viajar en helicóptero o avión, con escolta y en autos blindados o irnos a vivir al extranjero, pues no todos podemos expresar que el que se vaya es un cobarde, no todos podemos decir que es un error grave no invertir en México en estos momentos.
La señora, el señor que viajaban en transporte público y murieron a balazos no pueden opinar lo mismo. Los hombres, mujeres, niños y bebes que fueron cruelmente asesinados en San Fernando Tamaulipas, y que ya olvidamos, no pudieron hacer oír sus gritos de dolor para poder ser auxiliados, así como tampoco pueden hacer oír su voz aquellos que son víctimas del crimen y que no tienen recursos, ni fama, ni amigos en el gobierno que les ayuden.
Más aún, el silencio ante la réplica del horror de San Fernando que se está viviendo en Durango es testigo del deterioro, del debilitamiento, de la costumbre, de la devaluación de la vida en México. Ciudad Juárez, Monterrey, San Fernando, Durango. Una abuela protegiendo a sus nietos, una niña con uniforme de escuela primaria, un padre de familia esperando a su hija, una madre paseando de noche, un joven yendo al trabajo, un niño paseando con amigos. Todos inocentes, todos ajenos al crimen pero participando de una sociedad que por tradición lo ha tolerado. Todos olvidados.
Saturday, 9 April 2011
Empezar a cuestionar
Sería sano para los mexicanos empezar a cuestionar el poder absoluto del estado, del empresariado y del crimen organizado. Y más sano sería que empezáramos a cuestionar el poder absoluto de nuestra propia indiferencia y pasividad.
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